No tienen en la piel
la lengua de los esclavos,
el óxido de las cadenas,
el hastío de los barcos y los campos.
No tienen en los ojos,
la verde y monolítica tristeza
de la llanura
de la pampa, y la angustia
acriollada.
No tiene el calor,
del conventillo y de la villa
del hacinamiento apremiante
de las inmobiliarias y el mercado.
No sufren de Ares -el dios de la guerra-
ni de Dichin -que pronuncia el hambre-
su mitología es mucho más favorable,
personal, portátil
y anónima.
No tienen los caballos flacos,
las cenizas fieles
los abuelos que miden el tiempo
los niños que miden la miseria.
No cargan el sol en la espalda,
ni el frío en el sudor en los labios,
ni las rodillas gastadas,
ni las manos deformes.
No tienen.
No.
Ellos:
Son finos, blancos, hermosos,
y atemporales,
ahistóricos,
como si siempre hubiesen vagado
por el lado dulce de la existencia.
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viernes, 20 de marzo de 2015
lunes, 16 de marzo de 2015
ODA
Puedo nombrar
dos o tres cosas buenas:
hacer de ésto una oda
a las nimiedades inútiles
que constituyen el tiempo
-el nuestro y el de los otros,
los muertos de nuestra memoria
y de nuestro olvido-.
dos o tres cosas buenas:
hacer de ésto una oda
a las nimiedades inútiles
que constituyen el tiempo
-el nuestro y el de los otros,
los muertos de nuestra memoria
y de nuestro olvido-.
Puedo nombrar, por ejemplo:
el roce anónimo e involuntario,
de dos antebrazos tibios.
de dos antebrazos tibios.
la textura áspera y la humedad
de las encuadernaciones
de los libros del siglo XIX.
de las encuadernaciones
de los libros del siglo XIX.
el rocío que se inscribe
-con una diaria resingación-
en los labios del patio.
-con una diaria resingación-
en los labios del patio.
La similitud de los perros
-comunistas del reino animal,
como las hormigas-
-comunistas del reino animal,
como las hormigas-
el silencio íntimo del andar de los gatos
la luz de las pantallas sobre las paredes
de la medianoche
de la medianoche
la madera nórdica,
tallada en el Valhalla
tallada en el Valhalla
los grabados medievales,
que enriquecían el trivium
que enriquecían el trivium
la prosa inglesa,
y las disertaciones castellanas,
de dos disimiles sujetos
que caben en un libro.
y las disertaciones castellanas,
de dos disimiles sujetos
que caben en un libro.
Pero esta enumeración
-arbitraria, enojosa-
jamás será el mundo.
-arbitraria, enojosa-
jamás será el mundo.
lunes, 9 de marzo de 2015
...y libranos del mal
Sergio conversa con El Patrón.
-¿No viste la moto nueva?- pregunta.
-No- responde Sergio, sin el mínimo deseo de entablar una conversación ni la mínima hipocresía de demostrar interés, aunque sea por beneficio propio laboral/salarial.
-Bueno, está acá afuera. Vení, que te la enseño...
Sergio lava dos o tres cucharas más. Quedan apenas plateadas. Apenas limpias. Pero no le importa. Sale.
Afuera, una Yamaha 150 cc reluce roja y negra. Reluce solo en algunas partes, en otras le da la sombra del jacarandá de la vereda.
-¿yyyyyy? ¿qué tul? -pregunta El Patrón.
-Se, buenísima. Me encanta
-¿Sabés cuanto salió?
-No. ¿Cuánto?
-Nada: 10 gambas y media.
-...
-Nada.
Sergio no sabe nada de motos pero lo intenta aparentar. Le da una vuelta, como se la daría un perro que estuviera por mearla. No le importaría meársela, piensa, pero únicamente cuando Él no esté ahí, mirándolo.
-¿No tenes el auto vos?
-Sí, pero no es lo mismo. No es lo mismo. Estamos en octubre, Sergio. La moto en verano es una maravilla, la libertad (...)
El desvarío continuó por tres minutos más. Intrascriptibles.
-Sí,sí, obvio. En invierno no se puede: la lluvia, la escarcha, el clima.
-¡Vos tenes que comprarte una, chabón!
-...
-Ya te la vas a comprar.
Él Patrón se revuelve el pelo con la mano izquierda y entra al local. Sergio siente la tentación de rayarle todos los plásticos a la moto. Todavía le queda, mojada y tibia, una cucharita de café en la mano.
miércoles, 4 de marzo de 2015
the are more and more and more things
Sergio toma una taza de té con leche. Todavía flotan, danzantes, en círculos, los pedacitos de hojas verdes y negras en la superficie.
El té tiene el color del río- piensa.
No, no es verdad- se corrige.
Frente a él, y detrás de un galpón donde guarda la pileta de lona, la máquina de cortar pasto, y libros viejos, está la pálida Clara. Ella lo mira y toma el té, también. Pero de otro tipo. Uno con el sabor de alguna fruta: frutilla, mora, cereza. No lo sabe. Ella lo trae especialmente de su casa para tomar el té con él.
Ella se ríe, y ninguno de los dos parece tener nada para decir.
Ella se ríe de eso.
Un viento se empieza a levantar, moviendo las hojas del paraíso y volando el mantel, con todas las servilletas, que siguen el curso del viento. Parecen palomas sin huesos. Palomas de espuma.
El perro de Sergio comienza a ladrar y le responden, a lo lejos, otros perros.
-¿Qué se dirán?- pregunta Clara.
Sergio encoje los hombros para decir "que se yo", queriendo decir "que se yo". Sigue mirando a Rufo -ese es el nombre del perro- corretear por el pequeño patio formando un imaginario triángulo isósceles.
El viento se hace más fuerte. Las vainillas y las masas secan se vuelan -¿cuán poco pesan?- cayéndose al pasto, que empieza a ser mojado por una lluvia finísima que también le moja los hombros desnudos de Clara.
-No las vamos a juntar- dice Sergio. Adentro hay más.
-Sí, no hay problema. Igual no tengo hambre. Comí mucho en lo de...
Acá, en este punto del relato, la mente de Sergio también se vuela como las galletitas y poco escucha lo que mucho dice Clara. En cambio, se pone a pensar en un video que había visto hacía unos minutos en youtube. Uno de la guerra de Irák, Irán, Siria o Palestina. Es un desierto. Un hombre de naranja se arrodillaba en la arena. Estaba rapado -seguramente no por voluntad propia. A su izquierda, un hombre vestido de militar, encapuchado, y con la voz alterada, dice algunas palabras que Sergio no entiende en un idioma que no entiende -la parte del discurso la adelantó, en parte porque no entendía, y en parte porque no le importaba. De pronto, las palabras cesan y el hombre de pie le corta al hombre arrodillado el cuelo con una especie de serrucho. El contraste entre el discurso, lleno de palabras y solemnidad, y el acto de asesinato era notable. ¿Qué decir, después de todo, antes de matar a alguien?
Cuando volvió de sus pensamientos, Clara jugaba con Rufo. Acostado, el perro le mordía suavemente, amigablemente, la mano que ella hacía reposar sobre su hocico. Le dio terror pensar que solo un fallo en la anónima, simple e incognoscible maquinaria de la bestia podía dejar a su novia sin una de sus delicadas y blancas y suaves manos.
lunes, 2 de marzo de 2015
Esperamos
Nosotros,
tan los de siempre,
tan cansados,
esperamos.
Esperamos que sus victorias permanezcan ocultas
o que al menos el azar se lleve
en los bolsillos tintos del olvido
el magro dios de ustedes.
Esperamos que desaparezcan para siempre,
que,
imberbes,
mueran en el seno de la gloria
que destruyan los altares con sus frentes,
que disputen con sus padres la deshonra.
Esperamos el calor de sus piernas mecidas
por el viento del orgullo y que la fiebre
de la historia
-la nocturna, la de ustedes-
los reduzca al oro que los llama.
Esperamos todos esto, y esperamos
que si en algún momento logran
vencer la muerte de la estepa,
de la flora,
nos avisen o callen
por una vez, y
para siempre.
tan los de siempre,
tan cansados,
esperamos.
Esperamos que sus victorias permanezcan ocultas
o que al menos el azar se lleve
en los bolsillos tintos del olvido
el magro dios de ustedes.
Esperamos que desaparezcan para siempre,
que,
imberbes,
mueran en el seno de la gloria
que destruyan los altares con sus frentes,
que disputen con sus padres la deshonra.
Esperamos el calor de sus piernas mecidas
por el viento del orgullo y que la fiebre
de la historia
-la nocturna, la de ustedes-
los reduzca al oro que los llama.
Esperamos todos esto, y esperamos
que si en algún momento logran
vencer la muerte de la estepa,
de la flora,
nos avisen o callen
por una vez, y
para siempre.
martes, 17 de febrero de 2015
SOBRE BORGES, WALSH, CERVANTES Y CORTÁZAR
Ricardo Piglia, en sus clases sobre Borges dictadas en la Biblioteca Nacional, las cuales se transmitieron por la TV Pública, y que yo ahora miro por Youtube, afirma que el cuento de Rodolfo Walsh "Nota al pie" es producto de una lectura de "Tlon, Uqbar, Orbis Tertius" de Borges. En ambos textos, existe una instancia que -como un germen- comienza a invadir, hasta deglutir, hasta abarcar, otra.
Existen diferencias, claro. En el caso del texto de Borges, esa instancia es, en una primer momento, un saber -todos conocemos la historia de la enciclopedia de Bioy Casares. Ese conocimiento, que es, a la vez, un continente y que es Tlon, comienza a abarcar el mundo de Borges hasta, como dice el autor dice en las últimas líneas, "el mundo será Tlon".
En el texto de Walsh, se exponen dos discursos. Uno como "narración ordinaria" y el otro como forma de una, justamente, nota al pie. A medida que la historia avanza, la nota al pie comienzan a ganar líneas, a "ganarle la página" al otro texto.
Yo quiero establecer ciertos antecedentes de esta forma de narrar. Quizás, como expuso Borges en su ensayo "Kafka y sus precursores", la lectura de un autor establece, delimita y determina lecturas de autores anteriores. Pero eso, como dice Karina Jelinek, se los dejo a su criterio.
El primer texto es de Macedonio Fernández. Se llama "El zapallo que se hizo cosmos". Éste cuento, olvidado fuera de las aulas de los colegios secundarios, es claro ejemplo del método utilizado por Borges, primero, y por Walsh después. La trama es simple, y casi está resumida en el título: un zapallo chaqueño crece tanto que no deja nada fuera de él. Una alegoría del universo.
El segundo antecedente es más lejano. Está en el Quijote. Quizás este sea mas "agarrado de los pelos". Pero figúrense ésto: Un hombre que, de tanto leer libros de caballería, empieza a actuar como si viviera en ellos. Por primera vez en la historia literaria, y en la historia de las ideas, se explicita el mecanismo de un contenido que ingresa en la conciencia de un individuo y crea un "sistema de representaciones" que incide en su manera de relacionarse con el mundo. Los libros de caballería delimitan la praxis posterior de la vida del Quijote.
Otro ejemplo sería el cuento "Casa tomada" de Julio Cortázar en el cual la presencia invasora es, en este caso, hostil y humana.
Les dejo esta idea para que me comenten en qué otros textos se puede encontrar el mecanismo de un contenido que se convierte, en el progreso de la trama, en su propio continente.
Otro ejemplo sería el cuento "Casa tomada" de Julio Cortázar en el cual la presencia invasora es, en este caso, hostil y humana.
Les dejo esta idea para que me comenten en qué otros textos se puede encontrar el mecanismo de un contenido que se convierte, en el progreso de la trama, en su propio continente.
viernes, 13 de febrero de 2015
SOBRE LA CIUDAD Y EL PUEBLO
Mi búsqueda de temas para una novela, cuento o poemario está siendo, por el momento, cuanto menos, infructuosa.
A veces, cuando estoy cansado, culpo al lugar en el que vivo. Porque, en una ingenua hipótesis, se puede inferir que en los pueblos existen menos estímulos. Menos disparadores de lo que podría llegar a conformarse como una historia. No sé si es verdad. En la ciudad hay más estímulos -visuales y de los otros- y pareciera, más historias, más personajes locos que andan de un lado al otro, que gritan en el medio de la calle. Capaz que estás doblando una esquina y encontrás a un tipo muerto de un balazo. Por supuesto, eso estimula a la imaginación. En el pueblo, en cambio, las historias parecen enterradas. Están, pero enterradas. Hay que salir a buscarlas, hablar con gente. Cuesta más trabajo.
A veces, cuando estoy cansado, culpo al lugar en el que vivo. Porque, en una ingenua hipótesis, se puede inferir que en los pueblos existen menos estímulos. Menos disparadores de lo que podría llegar a conformarse como una historia. No sé si es verdad. En la ciudad hay más estímulos -visuales y de los otros- y pareciera, más historias, más personajes locos que andan de un lado al otro, que gritan en el medio de la calle. Capaz que estás doblando una esquina y encontrás a un tipo muerto de un balazo. Por supuesto, eso estimula a la imaginación. En el pueblo, en cambio, las historias parecen enterradas. Están, pero enterradas. Hay que salir a buscarlas, hablar con gente. Cuesta más trabajo.
Por otra parte, la mayoría de las historias de los pueblos suelen ser dramas familiares. ¿Cómo no lo serían? Es un lugar en el que tu familia es, cuanto menos, el 10% de la población -casi nadie sobrevive a eso. Por eso las novelas provincianas son aquellas como Madame Bovary, Ana Karenina, las de Juan José Saer. Infidelidades, problemas de herencia, de corrupción. Un hermano que estafó al otro, por ejemplo. Un policial, por decir algo, no podría escribirse en un pueblo -aunque "Blanco Nocturno" de Ricardo Piglia exprese lo contrario. ¿Por qué no? Porque a los tres días ya sabés quién fue. Y si es un crimen pasional, peor. Listo, vas a la casa del tipo y lo encerrás. Incluso Piglia, en el libro que antes mencioné, tuvo que insertar un elemento externo, un extranjero, un "otro". Porque en los pueblos, la "otredad" no es igual que en las ciudades. El autor tuvo que agregar ese elemento para que surgiera un conflicto en la supuesta calma y armonía del pueblito -creo que era uno de la provincia de Buenos Aires, oh casualidad.
Se me ocurrió esto: un pueblo es como un cuento, y una ciudad como una novela. El pueblo -al igual que el cuento- es cerrado, un mismo ambiente, unos pocos personajes y un sistema de relaciones -registro, imágenes, léxico- monótono, reducido. Tiene fuerza, eso sí. En sus límites radica su potencial.
La ciudad, como la novela, está abierta. Es por definición polifónica: convergen distintas voces, siempre en conflicto. Hay un registro y un anti-registro. Una dialéctica de las fuerzas siempre emergente. Sobre ellas se edifican las ciudades, no sobre esa sobriedad ingenua de asfalto que llamamos calles.
No sé, esto es lo que tengo por ahora.
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